domingo, 22 de febrero de 2026

Averno Malaya

Llevo algunos años sin hacer esto, lo de escribir a consciencia como el escritor en el que me esforzaba en convertirme, que se me reconozca como uno de los grandes nobeles, claro, pura gente bruta en el mundo, todos unos hptas tontos que no iban a entender un carajo mis ideas transformadoras de vidas, cómo putas iba a darme el nobel si los que mandan esa mierda son ese tipo de idiotas que no conocen el valor las cosas importantes cuando lo volvieron en negocio. Pobre Alfred, hijo de perra, la cagó dos veces y cuando quiso remediarlo, sus ideas la siguieron cagando por medio de sus intermediarios. Todo mal en este mundo, por culpa de no ponerle límites al capitalismo.

Y así un día desperté a las cosas materiales porque en los sueños todo muy bonito se daba, pero ya el cuerpo exigía un poco de ejercicio y era hora de observar la realidad fuera de mis ojos.

De repente, ¡pum! Ahí estaba, Dios es una mierda, Jesucristo era un borracho mujeriego, la virgen era una puta, la sagrada trinidad no servía pa mierda...palabras fuertes, fuertes y duras palabras para quien se sabía huérfano de la existencia y su único motivo para aferrarse a la vida era confiar en que había un Dios que lo quería y al ver que la lectura era tan buena, pero denigraba los preceptos más sagrados era un ruptura en la terminal del sistema. Algo iba mal...algo no estaba bien, porque me gustaba cómo sonaba.

Sonaba bien cagarse en lo sagrado, daba cierto aire de libertad, se sentía una fuerza interna emergiendo desde adentro cada vez que lo hacía, era el Diablo seguramente, apoderándose de mí pa llevarme al averno, pero ¿a hacer qué? ¿Castigarme por qué? ¿Qué no hice en honor a la libertad del ser que debería pasarlo mal?

El cielo todo tibio y algodonoso, todos puros, sin tocarse, todos sonriendo, todos felices debajo de las faldas del Dios, ¿qué descerebrado habría que estar para querer vivir en condiciones tan deplorables?

Que el Diablo me lleve si quiere:

—Avernos News: «El Malayerba llega al infierno»—.

Ahí abajo, el clima bien calidoso, las condenadas todas unas sucias y desequilibradas, sufrimiento puro, duro y delicioso al por mayor, más allá un pared de hielo y ahí, en estantes profundos unos alcoholes con tajín extrasensorial y Club Colombia negra hasta donde se alcanza a ver. Al fondo los gritos de gente en una plaza inmensa, grupos de condenados en pailas enormes y comodísimas, algunos con más de tres hembras por asiento, el agua caliente pa aclimatar el alma, una cascada de lava y ríos circulares separan los espacios de cada grupo, algunos se salen un rato a bailar en el malpaís, total ya con pezuñas, no hay nada que temer. Algunos en muchas otras pailas, decapitan gente y luego violan sus cuerpos, todos unos enfermos; otros predicando la palabra del altísimo, colgados de los huevos en una rama de un demonio pervertido.

Mucha otra gente solo relajada fumando en cuernos con incrustaciones de diamantes, y bebiendo cerveza negra en tarros de un galón.

Y entonces ahí de la nada, en una zona que de tanta desfachatez ante la autoridad tenía unos manzanos, duraznos, fresnos, aguacates, limones, mandarinos violando las leyes de la misma existencia infernal... y en diversas pailas gente conocida, el Niche hablando mondá con Zaratustra en una, el Camiú dándose besos con Sartre y la Bebua en otra, el Sócrates bebiendo cicuta con tajín y tres caballos, mientras escuchaba a Diógenes y Séneca debatir sobre si cagar en la puerta de una casa o en la cabeza del dueño. Y caminando un poco más en una paila ya verde de vieja, con barbacha la hpta, adentro bien espeso el aceite de olivo, y ahí encima de varias tetas de colores, bien metidotes el Epicuro, Sade, Kropotkin, Thoreau y Boockchin, hablando sobre la importancia del placer en tiempos de desobediencia civil...

«El Malayerba llega al infierno y no se inmuta, solo una ligera sonrisa le curva los labios, ¿qué le pasa?, la gente dice que tiene fallos en la mente y le cuesta entender las cosas, otros por ahí dicen que no le sorprende porque ya se lo esperaba», texto escrito en una pequeña nota en la página 23 de la revista Avernos News.

Huérfano de lo último en lo que creía podía ayudarme a salvar el alma, y resultaba que a Dios yo le valía verga cuando reparé en la naturaleza de las cosas, mejor dicho, resultó que simplemente aquél estaba en un plano ajeno al mío.

Y así hice las paces con el Más Alto que andaba bien tranqui con sus fieles lambones y arrastrados, yo preferí quedarme abajo disfrutando del placer de experimentar las circunstancias sin temor.



Malayerba